Clase
Chicos y chicas usuarios de este blog:
“Me cambio de acera. Os dejo y me voy al otro lado. Ahí, sí, frente a vosotros. No, no me refiero a variar mis gustos pecaminosos y dejar de sentirme atraído por las siempre sabrosas ostras para dar paso a los lujuriosos caracoles. No. Me refiero a un cambio más traumático si cabe: mañana me subo al estrado y, de espaldas a la pizarra, frente a 25 alumnos, doy una clase. Se acabó. El Mikel que conocíais traviesuno y jovialoide agoniza. Cuando mañana cruce el umbral del aula que me verá renacer me acordaré de vosotros porque me convertiré en profesor de una clase de 2ª de Bachiller.
Habéis sido mis compañeros. Sufridores de clases eternas en las que preconizábamos nuestra oposición al poder establecido desde un frente, el de Basora, que fue testigo de las más audaces copiadas, los más sonoros reventones didácticos, los lanzamientos de objetos más insólitos, y las expulsiones más escandalosas durante un tiempo corto, pero hermoso. Mañana nada de eso quedará en mí. La seriedad para con la docencia me invadirá por completo y me convertiré en un aparato más del sistema. En efecto, me dedicaré, con todo mi tesón, a tirar por tierra los sueños adolescentes y las ilusiones vitales de cuantos pupilos me toque adoctrinar.
En mis clases no habrá alegría, ni motivación. Si alguien habla sin mi permiso, sufrirá castigo. Si alguien mira por la ventana, será vejado. Si alguien pregunta alguna cuestión sobre la materia que me ponga en un aprieto, será ninguneado. Haré del verde y florido prado primaveral de los 17 años, un sombrío, lóbrego y estéril pedregal. Sí, mis abusos de autoridad superarán con creces a los de los dictadores más infames. Y, por supuesto, instauraré la ley del más fuerte entre mis educandos. Cuando yo y mi tiranía no estemos presentes, el ‘bulling’ será la norma suprema en las aulas por las que yo pase. Los colegiales que tengan la mala suerte de caer en mis fauces temblarán con un solo gesto mío y no me mostrarán respeto, sino sumisión... Sí, los tiempos felices se acabaron para una generación de mal nacidos púberos…”
En estos pensamientos me encontraba yo camino de clase el otro día cuando, al entrar en el aula, me vino un jovenzuelo que engrosa las filas de mis discípulos y me espetó sonriente: “¿Qué tal por Praga Mikel?”. Yo, sorprendido ante tamaña insolencia, contuve mi ira con la mente puesta en hacerle pagar cara su osadía con un cero eterno, y pregunté desafecto: “¿Por qué lo dices?”. Entonces el imberbe respondió que era amigo de ‘Juan Fernández’ y, mientras sacaba un IPOD de su bolsillo, caí en la cuenta de lo que se me avecinaba. Recordé: “Juan, hermano pequeño de mi amigo Gabri, estudia en este colegio, es de la misma edad que estos párvulos y… ¡¡vino con nosotros a la República Checa!!”.
Me olí lo peor y mis nervios se hicieron visibles en un alud de sudores fríos y enrojecimiento cutáneo. Entonces, cuando observé el IPOD de ese impertinente, uno de los niñatos a los que pensaba subyugar, me vi retratado en una foto que evaporó todas mis pretensiones autoritarias:
Ahí estaba yo, en una discoteca de Praga, más beodo que Baco, con los ojos desencajados, los brazos rodeando por la cintura a unas marsopas rubias de moral laxa, una amplia sonrisa etílica y –cagüen la ostia- con los pantalones en los tobillos.
Yo que pretendía hacerme respetar… ya sabéis muchachos, no lleguéis a nada… ¡¡¡Puta era digital!!!

4 Comments:
jejejejejeje
luli, siempre aposte por tu inigualable capacidad comunicativa...
Tránsfugaaaaaaaa, que te has pasado al enemigo, sociata!(esto no se si pega mucho, pero queda bien) y además has heredado esa mentalidad de hijoputa tan rápido. Máxima suertitud, y duro con los enanos
jajaja qué grande eres!!!
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