Literatura rojilla

Vuelvo por mis fueros... He aquí la última pataleta de un periodista confinado en un estudio de radio. Un articulillo para el DDN con ciertas reminiscencias a Los Secretos que, sobre todo, disfrutarán aquellos corazones rojillos...
Lo que pudo haber sido…
Aquel 3 de mayo tuvo que ser una anciana, con tantas arrugas como años -96-, la que me abriera los ojos. “¿Siempre van a ganar…? Tendrán que perder también”. Una tesis tan sencilla como irrefutable, harto repetida a su difunto marido y ahora rescatada para a su nieto.
Que nadie ignore esa neblina que hoy sobrevuela Pamplona. Esa ciudad hace no mucho teñida de rojo y pendiente de un balón -el que empujó Renato y sacudió nuestro sueño-. Si el 11-J nos ahogamos en el Manzanares, este año el naufragio tuvo lugar en un Guadalquivir, que no desembocaba en Cádiz, sino en Glasgow.
El fútbol -y esto no siempre sucede- hizo justicia en el Sánchez Pizjuán. El Sevilla -al igual que la mayoría de obstáculos que sorteamos en el camino-, es mejor que Osasuna. En algún momento del partido, los de Tajonar se despistaron y perdieron de vista esas migas europeas que, no hace mucho, depositaron desde Vitoria. Si la semifinal supuso un jarro de agua fría para el Cuco y los suyos, también fue un baño de humildad para aquellos expeditivos que ya habíamos sondeado aerolíneas.
Los andaluces salieron vivos de un Reyno que -a 90 euros la entrada- no estremeció, ni mucho menos. Esa UEFA “deficitaria”, que tantas alegrías ha dejado en Pamplona, no merecía ese impuesto. Sin olvidar al amigo Eric: ese juez holandés que, de forma indirecta, interrumpió la “mejor defensa” rojilla y, sin saberlo, dictó sentencia. Además, a Sevilla no viajó la confianza del Soldado, ni llegó la experiencia del reservista. Faltó munición y, esa noche, el uniforme a Ziganda, le vino grande.
“Qué mal acostumbrados” -pensará el de Larrainzar, y no le falta razón-. Esta noche, en Hampden Park, no sonará nuestro himno -como no lo ha hecho en los 52 años que ahora cumple la Copa de Ferias-. Es más, tarde o temprano, bajaremos de esta nube -Dios quiera que no sea este año-, y volveremos a cosechar esos campos áridos y humildes que rara vez nos levantaron del asiento.
Como dijo el presidente, el fútbol sigue estando en deuda con nosotros, los rojillos, que no podemos evitar recordar lo que fue, y lo que pudo haber sido…
¡Gracias Osasuna!
Aquel 3 de mayo tuvo que ser una anciana, con tantas arrugas como años -96-, la que me abriera los ojos. “¿Siempre van a ganar…? Tendrán que perder también”. Una tesis tan sencilla como irrefutable, harto repetida a su difunto marido y ahora rescatada para a su nieto.
Que nadie ignore esa neblina que hoy sobrevuela Pamplona. Esa ciudad hace no mucho teñida de rojo y pendiente de un balón -el que empujó Renato y sacudió nuestro sueño-. Si el 11-J nos ahogamos en el Manzanares, este año el naufragio tuvo lugar en un Guadalquivir, que no desembocaba en Cádiz, sino en Glasgow.
El fútbol -y esto no siempre sucede- hizo justicia en el Sánchez Pizjuán. El Sevilla -al igual que la mayoría de obstáculos que sorteamos en el camino-, es mejor que Osasuna. En algún momento del partido, los de Tajonar se despistaron y perdieron de vista esas migas europeas que, no hace mucho, depositaron desde Vitoria. Si la semifinal supuso un jarro de agua fría para el Cuco y los suyos, también fue un baño de humildad para aquellos expeditivos que ya habíamos sondeado aerolíneas.
Los andaluces salieron vivos de un Reyno que -a 90 euros la entrada- no estremeció, ni mucho menos. Esa UEFA “deficitaria”, que tantas alegrías ha dejado en Pamplona, no merecía ese impuesto. Sin olvidar al amigo Eric: ese juez holandés que, de forma indirecta, interrumpió la “mejor defensa” rojilla y, sin saberlo, dictó sentencia. Además, a Sevilla no viajó la confianza del Soldado, ni llegó la experiencia del reservista. Faltó munición y, esa noche, el uniforme a Ziganda, le vino grande.
“Qué mal acostumbrados” -pensará el de Larrainzar, y no le falta razón-. Esta noche, en Hampden Park, no sonará nuestro himno -como no lo ha hecho en los 52 años que ahora cumple la Copa de Ferias-. Es más, tarde o temprano, bajaremos de esta nube -Dios quiera que no sea este año-, y volveremos a cosechar esos campos áridos y humildes que rara vez nos levantaron del asiento.
Como dijo el presidente, el fútbol sigue estando en deuda con nosotros, los rojillos, que no podemos evitar recordar lo que fue, y lo que pudo haber sido…
¡Gracias Osasuna!
P.D. Puta Giralda!!! (esto no salió publicado)

1 Comments:
No esta mal, me gusta. Tu siguiente reflexión podría ser sobre lo que un día fue este blog y en lo que se ha convertido.
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