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miércoles, mayo 21, 2008

Declan, 'El Mierda' (y III)

Era ya la hora de irnos, y yo no pensaba perder más mi tiempo por una excreción inmunda y rebelde. Javier me pidió consejo y yo me lavé las manos como una rata almizclera: “Mira compadre, yo no he venido a este país a miles de kilómetros de mi hogar, a pescar ninguna puta mierda humana, y tú tampoco. Respeto y admiro a los que se ganan la vida en tan noble oficio, pero no es el mío desatascar cagaderos y tratar asuntos fecales. Pasalé el marrón al jefe (nunca mejor dicho, me pregunto incluso si esa expresión tiene su origen en una situación similar) y que llame al servicio de cloacas de Dublín. Me quiero ir a mi casa, llevamos ocho horas de pie y he fregado más platos que un recluta con dislexia”.
Mi discurso se vió interrumpido una y otra vez por risas nerviosas y manos en la cabeza por parte de Javier. Cuando decidió ir a contarle el asunto al jefe, que estaba tranquilamente con su ordenador portátil en una de las mesas, me tuve que meter en el fondo de la cocina para no oír siquiera la conversación, pues estaba con una risa floja más que peligrosa.

Enseguida volvió Javier y fuimos ambos a la staff room a cambiarnos. “¿Qué ha dicho?” pregunté. “Ha dicho que se encarga él”. Yo no daba crédito. “Ahora está en el baño inspeccionando la escena del crimen. Y nos volvimos a partir el culo. Comentábamos la jugada haciendo rechiflas sobre nuestro manager y su nueva ocupación. Aunque, eso sí, reconociendo su maleabilidad profesional, y capacidad para descender del Olimpo a las alcantarillas sin despeinarse.

De pronto, Declan apareció en el cuarto con cara de circunstancias. Permanecía solo con medio cuerpo asomado a la puerta, con las mangas de la camisa de rayas rosas arremangadas, y la corbata aflojada, suelto el primer botón de la camisa. Sin moverse de la entrada, se dirigió a mí señalando el perchero y solicitando algo que no acerté a entender. “Sorry?” Pregunté una vez. Él hizo de tripas de corazón y volvió a pedirme lo que fuera que me pedía. Javier tampoco le entendía. “Sorry?” Volví a preguntar ya más apurado. Y después lo mismo. Al tercer “Sorry?”, Declan perdió la paciencia y entró en la habitación, me apartó del perchero y descolgó una percha de alambre. Entonces entendí lo que quería. Me explicó un poco bruscamente para qué quería la percha (hanger, palabra que desconocíamos). Básicamente era para desanudarla y convertirla en un alambre tieso a modo de arpón, con el que luchar contra la ballena fecal como Gregory Peck en Moby Dick. Entendí que se sintiese violento, ya que no tiene que ser plato de buen gusto la tarea y, menos tener que explicarla gráficamente al último mono de sus empleados como, efectivamente, tuvo que hacer gracias a mi torpeza. Cerró la puerta de la habitación, esperamos unos interminables segundos conteniendo la risa como podíamos, y al final explotamos en una carcajada sonora y nerviosa.
Realmente nos jugamos el puesto si nos llega a oír, pero fue imaginarnos a nuestro jefe, de rodillas frente a una taza de water maloliente, triturando o pescando un nauseabundo ñordo con un alabre maltrecho, con salpicaduras de mierda hasta en los cristales en las gafas, y unas náuseas insoportables… y fue no poder parar de mearnos.

Cuando recuperamos la compostura salimos del cuarto rumbo a la puerta de la calle. Antes, por deferencia, Eraso entró en los baños para despedirse. Yo fui incapaz de hacerlo sin jugarme el puesto. Cuando me da por reirme me es imposible parar, y ver a Declan meneando aquella poza séptica habría sido demasiada presión para mí. Me habría descojonado en su jeto irremediablemente. Cuando salió Javier me contó que Declan lo había conseguido, creo que había molido la mierda a puyazos de alambre, como un picador al toro que lo arremete. Tenía los ojos enrojecidos y húmedos. El tufo era insoportable. Y volvimos a descojonarnos. Fue el tema de la tarde.

Y así, al día siguiente, volviendo a comentar la jugada, yo hice uno de mis típicos dibujos sobre experiencias vividas que me quedó muy logrado, en una servilleta. Y de ahí surgió la idea de ponerle el mote que ya todos conocéis. Pensamos en un principio en Declan ‘El Pocero’, pero optamos por el muy sonoro y enérgico ‘Mierda’, en honor a aquel Moby Dick fecal que algún fiemo irlandés parió con enorme placer una tarde soleada de mayo, y que tan buen rato nos hizo pasar.

2 Comments:

Blogger MART said...

¡¡¡qué bueno!!! jejejejjejej
y qué asco al mismo tiempo...

9:45 a. m.  
Blogger Rober said...

Muy bueno Miko...

1:54 p. m.  

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