Cayucos en la tele (y II)
Tras el reportaje, la periodista realizaba una sentida entrevista tanto al reportero francés (daba gusto oírle hablar castellano) como a una de las pasajeras del cayuco, que además realizó el viaje con su bebé de pocos meses, el cual, asomando la cabeza a través de los plásticos que lo protegían sin mucho éxito del oleaje parecía un conguito. Por cierto, la pobre criatura (todas las pulgas al perro más flaco) sufrió quemaduras en el 20 por ciento de su cuerpecillo una semana después de llegar a tierra firme.Al verlo, un escalofrío me recorre la espalda, me siento incómodo, pese a estar recién cenado y postrado en mi sofá, pero lo único que hago es emitir un suspiro de horror e indignidad. La entrevista continúa. La presentadora, provocada en su empatía por las duras imágenes de la historia, también se deshace en expresiones como “tomar conciencia”, “soluciones”, “Europa”, “Esperanza”… cuando acaba y apago la tele, mi padre y yo permanecemos unos instantes en silencio. Alabo el reportaje que la televisión pública acaba de emitir. No siempre cumple su misión de mover las conciencias y formar al espectador con tanta calidad como lo ha hecho esta noche. Se lo agradezco. Si desde los medios de comunicación (siempre más preocupados por el fútbol que por los genocidios) tuviesen éxito iniciativas como esta o piezas así, incluso lo políticos podrían tomar conciencia y actuar en consecuencia. (Decía mi padre a propósito de esto: “Jodé, si yo soy Zapatero y estoy viendo esto, llamo ahora mismo a la embajada en Marruecos y me traigo a la madre y a su hijo”)
¿No han derribado gobiernos y calentado partidos los medios de comunicación masivos? ¿Por qué no van a contribuir a paliar injusticias en el mundo? TVE puso ayer su granito de arena en esta tarea. Me sentí agradecido y orgulloso de una televisión así. Y, sobre todo, sentí esperanza, y unos deseos enormes de comentar al día siguiente el impactante documento con mis amigos como tantas veces hice acerca de los Simpson o Cuéntame: “¿Visteis anoche….? … ¡Qué sobrao!”. Estaba sumido en esas sensaciones, que desembocaban en una, la esperanza, cuando me di cuenta de una cosa: eran las dos menos veinte de la mañana de un martes y al día siguiente era día de labor…
Mierda, me he vuelto de nuevo un cínico, los buenos sentimientos que me había transmitido la presentadora se desvanecen… ¿Cuánta gente habrá visto el programa? Ni mis amigos, ni ZP… seguro y lógico. ¿Es eso compromiso o medias tintas? ¿Tanto habría costado cambiar la programación y emitir el documental en hora de máxima audiencia, aunque fuera por una vez? Ni me molesto en pensar la respuesta. La comprendo, pero es muy triste: está visto que no interesa.
Perdón África, pero somos Europa al fin y al cabo.

1 Comments:
yo tb vi el documental, y tb me quedé impactada... mareaba sólo de verlo, no puedo imaginar pasar días allí dentro. y todo el sufrimiento para nada...
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