Fcom 2002-2006

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martes, noviembre 28, 2006

PUEBLO FANTASMA (I)

Saludos a todos los usuarios de fcom06. Lo que os voy a relatar a continuación es la escalofriante explicación de que mi pelo se haya cubierto de canas en menos de 48 horas, de que sufra ataques de pánico imprevistos y de que el insomnio se haya hecho protagonista de mis atribuladas noches. No temáis, pero agarraos, pues vais a temblar...

Como sabéis, este fin de semana he cumplido 22 años. Para celebrar el evento fui a mi pueblo, Muñecas, en la fría y despoblada provincia de Soria, en compañía de un puñado de amigos y buen cargamento de patxarán. La noche del viernes al sábado transcurrió sin incidente alguno. En medio de la más absoluta tranquilidad bebimos, hablamos, y nos calentamos al calor de la lumbre mientras fuera, el frío, la lluvia y el viento cargaban inmisericordes sobre calles mal iluminadas y bosques de pinos. Como digo, todo iba bien. Hasta que en la noche del sábado al domingo, mi cumpleaños, tuve aquella infame idea...

“¿Tenéis cojones a acompañarme ahora, en mitad de la noche, a un pueblo fantasma?”, Pregunté envalentonado a Edu y a Gabri. Ante la pereza que mostraron mis amigos comencé a contarles una historia que me habían relatado a mí hace años, con la esperanza de despertar en ellos la curiosidad y el morbo.

“Valdegrullas. Por alguna razón su nombre ya es inquietante. Sin embargo inquieta más lo que cuentan de ese pueblo deshabitado. Muchos de los infelices que se adentraron en él antes que nosotros afirman aterrorizados haber escuchado voces de otro mundo y llantos de desespero. Incluso supe de una chica de mi pueblo, mayor que yo, que se aventuró una vez y fue a parar directamente al psicólogo, pues lo que ella y sus amigos escucharon o vieron entonces quedó grabado a fuego en su cabeza para siempre.

Atraídos por el subidón de adrenalina que proporciona el enfrentarse cara a cara con el miedo a lo desconocido, las historias que me contaron hace años más que frenar nuestras intenciones, nos dieron alas. Bien abrigados, con una pequeña linterna y un bastón, emprendimos el viaje en coche hasta aquella aldea maldita.

El pueblo está en medio de la nada. Literalmente. Después de perdernos por carreteras de segunda, logramos encontrar su desvío. Fue más por azar que otra cosa, pues hasta llegar al inicio de su camino, había una ausencia total de señales.

El poblado no tiene calles asfaltadas, no tiene luz, no tiene vida. Tan sólo quedan, como vacíos cascarones de huevo, las viejas casas de adobe y madera que en su día albergaron gente. Conservan aún su estructura original y antiguos enseres, pero misteriosamente ninguna de ellas tiene puerta, por lo que el acceso a ellas está abierto a cualquiera que se atreva a entrar. Viendo el panorama no es de extrañar que ninguna señal indique el camino para llegar. Pero ¿por qué se abandonó ese pueblo? ¿Por qué no quedan seres humanos en él? Quizás la devastación de la guerra, el hambre o la enfermedad... quién sabe. Lo único cierto es que, en aquellas tierras ya sólo quedan sus muertos y peregrinas alimañas nocturnas.

Como digo es un sinuoso camino de tierra, y no una carretera, el que conduce hasta Valdegrullas. Por cierto, allí termina. Por aquel carretil atravesamos parajes yermos, campos sin cultivar y negros bosques. Viajábamos en silencio, preguntándonos si en realidad había sido una buena idea venir. Aún estábamos a tiempo de volver, pero no lo hicimos. En el horizonte, ni una luz, ninguna localidad cercana. En el cielo, las densas nubes hacían que ni una sola estrella brillara. Los faros del coche tenían que hacer verdaderos esfuerzos para romper con su luminosidad blanca las tinieblas del camino. A veces, junto a las cunetas, se alzaban solitarias encinas que, con sus troncos retorcidos, parecían advertir al viajero de que nada bueno podía hallar en la dirección que seguíamos. Poco a poco comenzamos a intuir que aquel era un lugar dejado de la mano de Dios, la pregunta era ¿en manos de quién estaría ahora?. Al final, como la boca de un lobo, se abrió ante nosotros, amenazador, misterioso, Valdegrullas.
Al bajar del coche, aparcado oportunamente en dirección a una posible huida, una desagradable sensación de desamparo nos puso en guardia. Nuestros corazones incrementaron el ritmo de bombeo de sangre. Permanecíamos con los sentidos en vilo, que se alteraban al menor ruido o silueta sospechosa, como las gacelas que intuyen que les acecha un león. Cuando encendí la linterna y nos adentramos entre las ruinosas construcciones, nos agarramos los tres del brazo. “Pase lo que pase, hay que mantener la calma”, acordamos, “no nos separaremos ni para mear”. Comenzó la visita.

3 Comments:

Blogger Rober said...

Venga coño!! sigue!!

6:48 p. m.  
Blogger Luli said...

joderrrrrrrr y qué pasó después???

8:56 p. m.  
Blogger Mikel said...

mañana el desenlace, con Iker Jiménez, jeje, mañana va, trankis....

9:25 p. m.  

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