Declan, 'El Mierda' (I)
Declan, ‘El Mierda’, es en realidad Declan, el dueño. Mi boss, mi manager. El propietario del sandwich bar en el que trabajo. Él fue quién me entrevistó y quién me contrató. La entrevista duró unos 20 minutos, pero hablamos alrededor de 7. El resto lo pasó el manager hablando por el móvil, solucionando, supongo, algún asunto importante relacionado con el negocio.
Declan ‘El Mierda’ suele ir arreglado, no es muy alto. Tampoco es gordo. Es normal. Tiene una gran nariz y habla un inglés que a mí se me hace difícil entender, pues padece algún problema en el frenillo.
Declan ‘El Mierda’, ronda los 50 años. Aparece un rato o un par de ratos al día por el O’Briens. Supervisa, enrieda con su laptop. Saluda y se va. Declan ‘El Mierda’, es el marido de Anne ‘La Puta’. Pero él combina su trabajo en el negocio (escasos minutos de aparición al día) con otro trabajo, en el que viste de traje y corbata y al que lleva un maletín.
Es amable y cuando viene nos saluda preguntando que tal el día y a veces hace bromas sin excesiva gracia. La mayoría no las entendemos y sólo asentimos con la cabeza y con una sonrisa comodín (de las que valen para todo). Ya he comentado el inconveniente de su frenillo. A veces, al llegar o al irse pide que le hagamos un sandwich o un café como si fuera un cliente. Las camareras brasileñas que trabajan conmigo dicen que detrás de su cara cordial se encuentra un tipo calculador y que nos examina constantemente. Les creo, pero me da igual. Aún así prefiero cruzarme con Declan ‘El Mierda’, que con ‘La Puta’, su mujer.
Durante la entrevista de 20 minutos en la que hablamos sólo 7, el particular defectillo en su dicción se me antojó una prueba difícil. Tuve que rogarle varias veces que por favor me repitiese lo que acababa de decirme. Supuse que eso me supondría dar una imagen de poco nivel de inglés, así que enseguida dejé de rogarle que me repitiese lo que me acababa de decir. El problema es que al no entender alguna de las cosas que me decía, yo me limitaba a afirmar con la cabeza a sus cuestiones. Eso era un riesgo también, pues igual estaba dando una respuesta positiva a preguntas como estas: “¿Me robarías si trabajases aquí? ¿Te divierte escupir en la comida? ¿Piensas que mi defecto en el frenillo me hace parecer aún más gilipollas de lo que ya soy?”. Al parecer tuve suerte y no me preguntó nada de eso, pues al final fui contratado, por lo que ya no importa. Durante aquella entrevista, sí recuerdo haber entendido que Declan ‘El Mierda’, me preguntó sobre mi experiencia, sobre mi capacidad de trabajo en equipo y cosas así. También me explicó que lo más importante is the customer, el cliente, y dada la alta competencia del sector, el trato que se le dé es esencial para el negocio. Dijo también que le había gustado mucho mi currículum. Quizás peque de pretencioso, pero supongo que será uno de los mejores que habrán caído en sus manos ultimamente. Trabajo haciendo sandwiches y cafés. A veces friego también platos y suelos. Visto gorra, camisa y delantal negros. En todas las prendas está bordado el logo de O’Briens.
A Declan ‘El Mierda’ le pusimos el sobre nombre de ‘El Mierda’ hace una semana. Se me ocurrió a mí, y a mi amigo Javier le hizo mucha gracia, así que ahora cada vez que viene al negocio (unos pocos minutos al día), decimos “ahí asoma ‘El Mierda’” y nos morimos de la risa. Por supuesto tomamos precauciones. La primera, claro está, es la del idioma castellano (nunca nos referimos a él como Declan ‘The Shit’, porque nos entendería). Tampoco le decimos “Hola Mierda” a la cara o cuando está cerca, pues correríamos el riesgo de que, si no el significado literal, sí descubriese que es un mote referido a él y además malsonante.
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